miércoles, 29 de abril de 2009

¿El voto cuenta?

Ella dice:
Es año electoral y con él se nos vienen encima la avalancha de “logros” gubernamentales, léase puentes, seguros populares o la creciente ola de productos de la gente que abarca desde sopas hasta preservativos.
Pero ya, en serio ¿a poco creen que el voto sí cuenta? Y es que con tantos políticos “chapulines” brincando por ahí y funcionarios dizque ciudadanos cuyos sueldos podrían sostener a 10 familias al mes, a todos se nos quitan las ganas de desperdiciar el domingo para ir a tachar una boleta ¿o no?
En cada elección me siento una rehén del sistema político, al leer los nombres de los candidatos me pregunto ¿a poco sólo puedo elegir entre estos? Si la política mexicana es como una mala telenovela, sólo que sin final feliz, claro. Y qué nos queda: anular el voto. No hay candidatos ciudadanos y los partidos nos presentan la misma puerca, pero revolcada. Me uno a esas voces que dicen “el voto sí importa” para mostrar nuestro desacuerdo con la clase política mexicana, inepta y corrupta.

Él dice:
Un producto típico del victimismo autóctono es el quejido perpetuo de aquellos para quienes la democracia no funciona y carece de sentido acudir a votar porque todo está mal: los partidos, sus candidatos, las instituciones.
Afectos al uso intensivo de los lagrimales y al abandono de las neuronas, los promotores de la anulación del voto son incapaces de percibir la irracionalidad de su propuesta: los dueños del juego democrático festejan la iniciativa pues ello les permite mantenerse en la cúspide de la cadena alimenticia, es decir, seguir gobernando a los palurdos que no se toman la molestia de leer las cláusulas del contrato (ni siquiera las de letra grande) antes de firmarlo.
Porque mientras sigan creyendo que sólo se trata de votar, que se quejen, que suelten improperios y expresen su inconformidad en el tono que les de la gana.
¿No quieren acudir a votar? ¡Pues no lo hagan! Cualquier día de éstos, gracias al entusiasmo con el cual han abrazado la causa, también les retiraremos el derecho a hacerlo. Al cabo que no sirve para nada...

Gay dice:
Recuerdo un concurso de vestidas en el desaparecido Bugano. ¡Yahaira para reina Gay¡ decía una publicidad en verde blanco y rojo, que estaba pegada en el desaparecido Bugano. La Viky, la del vestido azul, que en realidad se llama Óscar, se dio cuenta que Yahaira andaba comprando el voto con un monedero tejido por los Muxes de Oaxaca. La otra candidata Manuela, la del vestido amarillo, que en realidad se llama Andrés, anduvo divulgando que La Viky estaba en contra de la minifalda, las inyecciones de aceite, y las medias de red. Y finalmente La Viky se defendió diciendo que La Manuela, era una “rojilla” enferma de poder, un peligro para la comunidad.
Total que la campaña se volvió desprestigio, tanto que el día de las votaciones, la comunidad lesbico gay se puso perra y decidió anular sus votos y castigar a las preciosas ridículas que aspiraban al poder. ¿Por qué no castigamos a nuestros candidatos, anulamos el voto y les enseñamos quién manda aquí? A ver si así, desaparecen y nos hacen un favor. ¿Tenemos que conformarnos con esos candidatros que no nos representan? ¿Cuándo nos ofrecerán candidatos de verdad y partidos en donde quepan todos los colores, incluidos los del arcoiris?

lunes, 30 de marzo de 2009

¿Cómo te tratan las dietas?

Gay dice:
Por las dietas estuve a punto de ir a la cárcel. ¿Cuántos kilos sin vernos reina?, me dijo una amiga jotera a la que tenía tiempo de no ver.
Yo me salí de la fiesta de generación y me puse a llorar como la Magdalena. Sentada en la banqueta me vinieron a la mente todas las dietas, y que me regreso con el tacón del diez en la mano. El primer taconazo que le di a la doble de “La Vitola” fue en honor al jugo reductivo “el secreto de las estrellas”; el segundo por el “Redugras” con su jabón, pastillas y gel; el tercero por la dieta de la luna, que me traía ahuyando de hambre; el cuarto por las anfetas, con las que casi quedo loca al escuchar que las donas que me hablaban; y así, hasta el taconazo 12. Cuando acordé, la susodicha estaba bañada en sangre. Lo bueno es que la dieta 13 funcionó, porque si no, ella estaría en el panteón y yo sería un lechón entambado. Del miedo, mi amigi no puso denuncia y ahora en las fiestas es una chulada: “¡pero que bárbara, que flaca¡” ¿No que no, culebra? ¡A educar a las flacas a punta de taconazos! ¿Pa’ qué tanta dieta? Si para perras hay lobas, y para lobas, habemos dinosaurias.

Él dice:
Aquí vamos con otra de las obsesiones de este mundo enfermo de estupidez.
¿Dónde dice que lo correcto es andar causando lástimas por la vida a bordo de una silueta esquelética?
Quien se haya tomado la molestia de investigar un poco sabe la respuesta: la idea se le ocurrió a un modisto gay que odiaba a las mujeres y por eso les impuso una visión de la estética cuya única finalidad era que él se viera “más bonito” que sus modelos en los desfiles de modas.
Que las anencéfalas habitantes de las pasarelas abrazaran la idea no sorprende. Después de todo, una modelo sólo puede diferenciarse de un robot por el hecho de que su estupidez no es producto del software, sino de la renuncia voluntaria al uso de la inteligencia.
Lo increíble es que media humanidad decidieran convertirse a la religión que ordena contar obsesivamente las calorías, los carbohidratos y los miligramos de grasa en los alimentos (la otra mitad, por cierto, también está a dieta, pero de forma involuntaria, pues no tiene para comer).
Sólo encuentro una explicación para el fenómeno: se trata de otro de los signos inequívocos de la decadencia de nuestra especie.

Ella dice:
Pero por supuesto, qué mejor excusa que los sueños imposibles de un modisto gay para defender la autodeterminación de los obesos. Porque es mentira que los gordos, gordas y llenitos sean felices con esos kilos de más que les impiden respirar bien cuando han dado apenas una docena de pasos. ¿Rudeza innecesaria? Para nada, atrás quedaron esas ideas sacadas de libros baratos de superación personal: “me amo por lo que soy”.
Y para seguir en este ánimo pesimista tengo una revelación para los adictos a la báscula: las dietas no sirven. Ni modo, para estar flaco hay que comer menos y caminar más, no hay de otra, bueno, sí existe otra opción, tener un metabolismo privilegiado que te permita comer pasteles y frapuchinos sin sentimientos de culpa. Porque hay sibaritas más delgados que una súper modelo, sino me creen vean el programa culinario de Anthony Bourdain para que se mueran de envidia.
Lo siento amigos, pero los kilos sí importan, y más con el verano que se nos viene encima, que ya no va a permitir esos sacos oscuros o suéteres holgados. No hay raciocinio que cuente frente a la verdad que muestra un espejo de cuerpo completo.

miércoles, 25 de marzo de 2009

¿La primavera te pone más hot o no?

Gay dice:
¿Saben cómo me doy cuenta de que la primavera llegó? Cuando un amigo cercano al que apodamos “La Julisa” anda detrás de los camiones recolectores de basura. No crean que se trata de una jota muy ecológica, ¡no!, resulta que tiene una debilidad por los mayates, esos supuestos hombres que les gusta enredarse con otros hombres pero que, según ellos, no se consideran gays porque toman el rol de activos y están casi siempre casados (qué subespecie tan rara, ¿no creen?).
Bueno, pues mi amigui es experta en encontrar mayates en los lugares más recónditos y resulta que su temporada de apareamiento inicia en una estación en la que dice le entra “un hormigueo extraño”, “un no se qué, que no se cómo”, así de claro lo define ella. El asunto es que la hormona se le alborota y desde hace tiempo trae de moda a los muchachos que recogen la basura, de los que dice tiene un chamagoso sex apeal, ese encanto que alguna vez encontró en los boleros, los policias, los taxistas, los ingnieros agrónomos y también en esos hombres que nos llaman “modositos”, pero cuando su mujer se descuida, corren en busca de “eso” que ellas no les pueden dar. Porque para anzuelos, los hombres tenemos una carnada más efectiva que, casualmente, en esta temporada anda más inquieta que nunca.
Bueno amores, me despido entonando la canción que mejor define a mi amiga “pasa y ligera”, quien sueña diariamente con la jarocha y no precisamente con Yuri: “Pasa ligera, la maldita primavera, pasa y ligera me hace daño sóoooooooolo a mí”.

Ella dice:
Después de acabar con toda rebaja de invierno que se me puso enfrente, ando muy angustiada con la llegada de la Primavera y no por el exceso de ropa, por supuesto, sino por lucir esas blusas de tirantes en colores brillantes y las minifaldas que van a estar totalmente in. Y es que después de un triste 2008 ya es hora de que algo de calorcito se nos venga encima. ¿No me digan que ustedes están dispuestos a esperar al amor de verano (no al amor de su vida, seamos realistas)? Yo no, y sé que muchas mujeres están de mi lado, así que es tiempo del viejo refrán que se aplica desde las abejas hasta las urgidas: “anda como burro en primavera”.
En Saltillito todavía quieren negar que el calor nos pone hot, sino basta con ver las miradas reprobatorias que dirigen las abuelitas a las adolescentes que se contonean en los centros comerciales, pero vamos, ¿de qué se alarman? Vayan a un antro y se darán cuenta que a las chicas les urge el calor para lucir sus mejores trapos, eso sí, muy, pero muy reducidos en tela. Ya estoy viendo al dedo acusador, pero momento, no se alarmen, que la falta de ropa no es pecado, es un anzuelo muy efectivo.

Él dice:
Lo he dicho antes y hoy lo ratifico: quienes son incapaces de encarar sus propias decisiones siempre necesitan pretextos. Para esto la Luna, para aquello el horóscopo, para lo otro “un trabajito”… y para la cachondez, la primavera.
¡Hipócritas! Basta echarle un ojo a las estadísticas de natalidad para comprobar que ninguna disminución de los apetitos carnales se da al concluir la primavera. O cuando cesa el verano. O al inicio del invierno… 365 días al año (incluidos, sobre todo, domingos y días festivos), todo mundo intenta comportarse como el conejo Energizer que sigue… y sigue… y sigue…
Claro, algunos fracasan en el intento… pero todos hacen la lucha.
Pero, como ocurre con muchas otras cosas, los modositos tratarán de escudarse en el incremento de la temperatura ambiental para justificar sus debilidades perennes.
Aunque al menos este año tendrían que cuidarse un poco en su intento por achacarle a la primavera el alza en sus ardores porque, por si no se han dado cuenta, ¡casi no ha hecho frío!