Ella dice:
Es año electoral y con él se nos vienen encima la avalancha de “logros” gubernamentales, léase puentes, seguros populares o la creciente ola de productos de la gente que abarca desde sopas hasta preservativos.
Pero ya, en serio ¿a poco creen que el voto sí cuenta? Y es que con tantos políticos “chapulines” brincando por ahí y funcionarios dizque ciudadanos cuyos sueldos podrían sostener a 10 familias al mes, a todos se nos quitan las ganas de desperdiciar el domingo para ir a tachar una boleta ¿o no?
En cada elección me siento una rehén del sistema político, al leer los nombres de los candidatos me pregunto ¿a poco sólo puedo elegir entre estos? Si la política mexicana es como una mala telenovela, sólo que sin final feliz, claro. Y qué nos queda: anular el voto. No hay candidatos ciudadanos y los partidos nos presentan la misma puerca, pero revolcada. Me uno a esas voces que dicen “el voto sí importa” para mostrar nuestro desacuerdo con la clase política mexicana, inepta y corrupta.
Él dice:
Un producto típico del victimismo autóctono es el quejido perpetuo de aquellos para quienes la democracia no funciona y carece de sentido acudir a votar porque todo está mal: los partidos, sus candidatos, las instituciones.
Afectos al uso intensivo de los lagrimales y al abandono de las neuronas, los promotores de la anulación del voto son incapaces de percibir la irracionalidad de su propuesta: los dueños del juego democrático festejan la iniciativa pues ello les permite mantenerse en la cúspide de la cadena alimenticia, es decir, seguir gobernando a los palurdos que no se toman la molestia de leer las cláusulas del contrato (ni siquiera las de letra grande) antes de firmarlo.
Porque mientras sigan creyendo que sólo se trata de votar, que se quejen, que suelten improperios y expresen su inconformidad en el tono que les de la gana.
¿No quieren acudir a votar? ¡Pues no lo hagan! Cualquier día de éstos, gracias al entusiasmo con el cual han abrazado la causa, también les retiraremos el derecho a hacerlo. Al cabo que no sirve para nada...
Gay dice:
Recuerdo un concurso de vestidas en el desaparecido Bugano. ¡Yahaira para reina Gay¡ decía una publicidad en verde blanco y rojo, que estaba pegada en el desaparecido Bugano. La Viky, la del vestido azul, que en realidad se llama Óscar, se dio cuenta que Yahaira andaba comprando el voto con un monedero tejido por los Muxes de Oaxaca. La otra candidata Manuela, la del vestido amarillo, que en realidad se llama Andrés, anduvo divulgando que La Viky estaba en contra de la minifalda, las inyecciones de aceite, y las medias de red. Y finalmente La Viky se defendió diciendo que La Manuela, era una “rojilla” enferma de poder, un peligro para la comunidad.
Total que la campaña se volvió desprestigio, tanto que el día de las votaciones, la comunidad lesbico gay se puso perra y decidió anular sus votos y castigar a las preciosas ridículas que aspiraban al poder. ¿Por qué no castigamos a nuestros candidatos, anulamos el voto y les enseñamos quién manda aquí? A ver si así, desaparecen y nos hacen un favor. ¿Tenemos que conformarnos con esos candidatros que no nos representan? ¿Cuándo nos ofrecerán candidatos de verdad y partidos en donde quepan todos los colores, incluidos los del arcoiris?
Ciudad Inteligente
Hace 16 años
