lunes, 30 de marzo de 2009

¿Cómo te tratan las dietas?

Gay dice:
Por las dietas estuve a punto de ir a la cárcel. ¿Cuántos kilos sin vernos reina?, me dijo una amiga jotera a la que tenía tiempo de no ver.
Yo me salí de la fiesta de generación y me puse a llorar como la Magdalena. Sentada en la banqueta me vinieron a la mente todas las dietas, y que me regreso con el tacón del diez en la mano. El primer taconazo que le di a la doble de “La Vitola” fue en honor al jugo reductivo “el secreto de las estrellas”; el segundo por el “Redugras” con su jabón, pastillas y gel; el tercero por la dieta de la luna, que me traía ahuyando de hambre; el cuarto por las anfetas, con las que casi quedo loca al escuchar que las donas que me hablaban; y así, hasta el taconazo 12. Cuando acordé, la susodicha estaba bañada en sangre. Lo bueno es que la dieta 13 funcionó, porque si no, ella estaría en el panteón y yo sería un lechón entambado. Del miedo, mi amigi no puso denuncia y ahora en las fiestas es una chulada: “¡pero que bárbara, que flaca¡” ¿No que no, culebra? ¡A educar a las flacas a punta de taconazos! ¿Pa’ qué tanta dieta? Si para perras hay lobas, y para lobas, habemos dinosaurias.

Él dice:
Aquí vamos con otra de las obsesiones de este mundo enfermo de estupidez.
¿Dónde dice que lo correcto es andar causando lástimas por la vida a bordo de una silueta esquelética?
Quien se haya tomado la molestia de investigar un poco sabe la respuesta: la idea se le ocurrió a un modisto gay que odiaba a las mujeres y por eso les impuso una visión de la estética cuya única finalidad era que él se viera “más bonito” que sus modelos en los desfiles de modas.
Que las anencéfalas habitantes de las pasarelas abrazaran la idea no sorprende. Después de todo, una modelo sólo puede diferenciarse de un robot por el hecho de que su estupidez no es producto del software, sino de la renuncia voluntaria al uso de la inteligencia.
Lo increíble es que media humanidad decidieran convertirse a la religión que ordena contar obsesivamente las calorías, los carbohidratos y los miligramos de grasa en los alimentos (la otra mitad, por cierto, también está a dieta, pero de forma involuntaria, pues no tiene para comer).
Sólo encuentro una explicación para el fenómeno: se trata de otro de los signos inequívocos de la decadencia de nuestra especie.

Ella dice:
Pero por supuesto, qué mejor excusa que los sueños imposibles de un modisto gay para defender la autodeterminación de los obesos. Porque es mentira que los gordos, gordas y llenitos sean felices con esos kilos de más que les impiden respirar bien cuando han dado apenas una docena de pasos. ¿Rudeza innecesaria? Para nada, atrás quedaron esas ideas sacadas de libros baratos de superación personal: “me amo por lo que soy”.
Y para seguir en este ánimo pesimista tengo una revelación para los adictos a la báscula: las dietas no sirven. Ni modo, para estar flaco hay que comer menos y caminar más, no hay de otra, bueno, sí existe otra opción, tener un metabolismo privilegiado que te permita comer pasteles y frapuchinos sin sentimientos de culpa. Porque hay sibaritas más delgados que una súper modelo, sino me creen vean el programa culinario de Anthony Bourdain para que se mueran de envidia.
Lo siento amigos, pero los kilos sí importan, y más con el verano que se nos viene encima, que ya no va a permitir esos sacos oscuros o suéteres holgados. No hay raciocinio que cuente frente a la verdad que muestra un espejo de cuerpo completo.

miércoles, 25 de marzo de 2009

¿La primavera te pone más hot o no?

Gay dice:
¿Saben cómo me doy cuenta de que la primavera llegó? Cuando un amigo cercano al que apodamos “La Julisa” anda detrás de los camiones recolectores de basura. No crean que se trata de una jota muy ecológica, ¡no!, resulta que tiene una debilidad por los mayates, esos supuestos hombres que les gusta enredarse con otros hombres pero que, según ellos, no se consideran gays porque toman el rol de activos y están casi siempre casados (qué subespecie tan rara, ¿no creen?).
Bueno, pues mi amigui es experta en encontrar mayates en los lugares más recónditos y resulta que su temporada de apareamiento inicia en una estación en la que dice le entra “un hormigueo extraño”, “un no se qué, que no se cómo”, así de claro lo define ella. El asunto es que la hormona se le alborota y desde hace tiempo trae de moda a los muchachos que recogen la basura, de los que dice tiene un chamagoso sex apeal, ese encanto que alguna vez encontró en los boleros, los policias, los taxistas, los ingnieros agrónomos y también en esos hombres que nos llaman “modositos”, pero cuando su mujer se descuida, corren en busca de “eso” que ellas no les pueden dar. Porque para anzuelos, los hombres tenemos una carnada más efectiva que, casualmente, en esta temporada anda más inquieta que nunca.
Bueno amores, me despido entonando la canción que mejor define a mi amiga “pasa y ligera”, quien sueña diariamente con la jarocha y no precisamente con Yuri: “Pasa ligera, la maldita primavera, pasa y ligera me hace daño sóoooooooolo a mí”.

Ella dice:
Después de acabar con toda rebaja de invierno que se me puso enfrente, ando muy angustiada con la llegada de la Primavera y no por el exceso de ropa, por supuesto, sino por lucir esas blusas de tirantes en colores brillantes y las minifaldas que van a estar totalmente in. Y es que después de un triste 2008 ya es hora de que algo de calorcito se nos venga encima. ¿No me digan que ustedes están dispuestos a esperar al amor de verano (no al amor de su vida, seamos realistas)? Yo no, y sé que muchas mujeres están de mi lado, así que es tiempo del viejo refrán que se aplica desde las abejas hasta las urgidas: “anda como burro en primavera”.
En Saltillito todavía quieren negar que el calor nos pone hot, sino basta con ver las miradas reprobatorias que dirigen las abuelitas a las adolescentes que se contonean en los centros comerciales, pero vamos, ¿de qué se alarman? Vayan a un antro y se darán cuenta que a las chicas les urge el calor para lucir sus mejores trapos, eso sí, muy, pero muy reducidos en tela. Ya estoy viendo al dedo acusador, pero momento, no se alarmen, que la falta de ropa no es pecado, es un anzuelo muy efectivo.

Él dice:
Lo he dicho antes y hoy lo ratifico: quienes son incapaces de encarar sus propias decisiones siempre necesitan pretextos. Para esto la Luna, para aquello el horóscopo, para lo otro “un trabajito”… y para la cachondez, la primavera.
¡Hipócritas! Basta echarle un ojo a las estadísticas de natalidad para comprobar que ninguna disminución de los apetitos carnales se da al concluir la primavera. O cuando cesa el verano. O al inicio del invierno… 365 días al año (incluidos, sobre todo, domingos y días festivos), todo mundo intenta comportarse como el conejo Energizer que sigue… y sigue… y sigue…
Claro, algunos fracasan en el intento… pero todos hacen la lucha.
Pero, como ocurre con muchas otras cosas, los modositos tratarán de escudarse en el incremento de la temperatura ambiental para justificar sus debilidades perennes.
Aunque al menos este año tendrían que cuidarse un poco en su intento por achacarle a la primavera el alza en sus ardores porque, por si no se han dado cuenta, ¡casi no ha hecho frío!

lunes, 16 de marzo de 2009

Calentamiento global

Él dice:
¡Ay, no vengan a preguntarme pendejadas! Calentamiento global... ¡Que chingaos voy a saber yo del calentamiento global! ¿Acaso tengo cara de meteorólogo?, ¿de futurólogo?, ¿de adivino?, ¿de político?
Es como si a Armando Guerra le preguntaran dónde queda Vanguardia y qué publicó hoy... ¡No sabemos! Nosotros estamos ocupados en otras cosas, en asuntos realmente importantes, trascendentes. Materias de las cuales ni siquiera tiene caso hablarles porque no entenderían, porque se trata de rollos sólo para iniciados... Calentamiento global...
¡Pues vayan y pregúntenle a Al Gore! O a Raúl Vera, que él sí sabe de todo. O al menos opina de todo.
Y de una vez les advierto: si de lo que se trata es de que uno exprese su opinión semanalmente sobre cualquier tarugada, mejor vayan descartándome como colaborador. De por sí lo ponen a uno a escribir con cada gente... ¿Qué no hace falta al menos pasar un examen para poder escribe aquí? ¡Qué falta de seriedad!

Ella dice:
Es curiosa la forma que ahora adoptan los terrores humanos, si antes la humanidad era amenazada con la bomba nuclear, el sida o la gripe de los pollos, hoy el nuevo "coco" es el Calentamiento Global y claro, la crisis. Y una tiene que tomar el camino políticamente correcto, ¿no? Y decir "sí, eso del calentamiento global es terrible", pero seamos honestos, ¿a poco lavan su ropa y platos sólo con agua fría? ¿ya cambiaron el coche por la bici o las eficientes combis saltillenses? ¿han dejado de lado las bolsas de plástico y cargan con su bolsita ecológica cuando van al súper? ¿Verdad que no? Pero seguro reenvían todas esas cadenas de mails donde salen esos "pobrecitos" osos polares que se han quedado sin hogar.
No digo que no suene esa vocecita de alarma cada que vemos en Discovery Channel documentales sobre huracanes o tsunamis, pero la culpa desaparece cuando tenemos que usar la secadora de pelo, ¿a poco no? Claro, hay esperanza, como le digo a mis amigas afiliadas a Greenpeace: tranquilas, seguro que nos extinguimos antes de que se acabe el mundo.

Gay dice:
Damas y caballeros, señora de sociedad, renombrado empresario, señorita de su casa, usté saltillense de cepa, seguramente se ha preguntado por qué esta tradicional ciudad de pronto escupió la hostia y se convirtió en una sucursal de Sodoma y Gomorra en donde los... los... ¡Ay Dios, que difícill decirlo!... ¡los jotos pueden casarse! A usté que le da el torsón de ver a tanta loca contoneándose por las calles, déjeme decirle que el culpable es el Calentamiento Global.
¿Que exagero? Pues fíjese que no. Imagínese la vida dentro de un clóset a más de cuarenta grados centígrados. No hay loca que lo aguante, ni tortilla que lo resista. Y todo porque Saltillo ya no es aquella fresca provincia en donde los homosexuales se casaban con alguna damita saltillense. Ahora, con tanto calor las hormonas andan vueltas locas y las locas, también.
¿Qué se puede hacer? Rezar mucho, pero también ahorrar agua, reciclar la basura, apagar la luz y moderar el uso del coche. ¡Tenga compasión por este mundo enfermo! y verá como a Saltillo vuelve el clima ideal y los maricones vuelven a meterse al armario, al fin que lo bailado quién nos lo quita.

lunes, 9 de marzo de 2009

Supersticiones

Ella dice:
Ante la crisis, la austeridad y las caras de angustia que se encuentran en todos lados no viene mal un poco de certidumbre, aunque ésta venga de las líneas de la mano o las cartas del Tarot. Aún en contra de las miradas reprobadoras y las sonrisas sarcásticas, apenas comenzó el año y muchos caímos en la tentación de correr con la bruja de cabecera para disipar las neblinas del 2009.
En tiempos de “modernidad” todos quieren colgarse la etiqueta de escépticos, pero bien que saben cuál es su signo zodiacal y si no es así piénsenlo, pues una empresa austríaca ha comenzado a elegir a su personal según el signo astrológico de los aspirantes.
Nadie se salva de la superstición, de la necesidad de creer que el destino está controlado por fuerzas ajenas, es tan bonito no sentir culpa. Observen a su alrededor y ahí está el Feng shui, la sal que no pasa de mano en mano, las escaleras rodeadas con presteza y el calzón rojo. Creer en lo intangible forma parte del ser humano y en tiempos desesperados traer un dolar en la cartera o esperar un “tórrido romance” en junio no hace ningún daño.

Gay dice:
Los jueves, sin falta, es la reunión con “mis hermanas” en el lugar al que “la vetada” bautizó como el cuartel de las feas. Ahí, en una colonia a la orilla de la ciudad, a donde gracias a Dios no ha llegado el Gobierno de la gente, se escucha bien bonito el cascabeleo. Puras serpientes nos juntamos a comer prójimo, porque si no, corremos el riesgo de ahogarnos con nuestro propio veneno. Y es que en una ciudad tan aburrida como ésta, ¿qué hace uno? “En Saltillo te da la rabia”, decía mi abuela.
A mí todavía no me da, pero últimamente los hombres me huyen como si echara espuma por la boca y a esto, sólo le encuentro una explicación: las jotas liosas del juevesito, sí, esas que se dicen mis hermanas me tienen bien amarrado. Estoy seguro que me hicieron un trabajito y si no, es tanta la envidia que me tienen, que ya me echaron la sal y me hicieron mal de ojo.
Porque yo, han de saberlo, soy de rancho, pero muy bonita y ese siempre ha sido el coraje de las del cuartel. Mi madre siempre me decía que ser supersticioso era de mala suerte. Pero yo voy a correr el riesgo, esta noche cortaré unas ramas de pirul y voy a ir a que me barra la bruja de la calle Victoria, porque no se vale que por bonita, ande uno pagando las desgracias y los traumas de las jotas feas.

Él dice:
Poco queda por agregar, en este tema, a lo ya dicho por el maestro Edmund Burke: “La superstición es la religión de las mentes débiles”.
Una miríada de argumentos intentarán vendernos quienes buscan en el azar la explicación a sus míseras existencias o el impulso que les ayude a transitar el día. Pero todos tienen el mismo problema: no soportan el más mínimo análisis racional.
Porque la superstición es, para quienes la usan como carta de navegación, una ruta para evadir sus responsabilidades personales. Débiles de mente, carecen también de la fuerza física para enfrentar con donaire los retos cotidianos...
Pero qué se le va a hacer: son legión y constituyen un mercado difícil de ignorar por quienes han percibido a tiempo la trampa.
Por eso, en vez de luchar contra la superstición he optado por la única ruta racional del caso: abrir mi propio consultorio esotérico.
¿Le leo las arrugas del codo?

Sexo en la primera cita

Él dice:

El conflicto en torno a la pregunta es inexistente: lo admitan o no, todos (y todas, para no discriminar) están de acuerdo en tener sexo a la hora y en el lugar que sea porque, ¿desde cuándo el sexo es un asunto de neuronas?
Hay quienes tratan de intelectualizar el asunto y ofrecer una explicación “razonada” sobre la inconveniencia de quitarle diques a sus impulsos: que si la “fama pública”; que si “a dónde quieres llegar con él (la) otro (a)”; que si las arañas...¡Mienten y lo saben! Porque sus vidas, al menos sus vidas sexuales, están gobernadas irremediablemente por la tiranía de las hormonas y eso lo han comprobado, seguramente, más de una vez.Insistirán, claro, y dirán que es posible dominar los impulsos, contener los apetitos y administrar el fuego interior.Pero a ello sólo acceden –y ni siquiera es su mérito– los insensibles.El resto, aunque lo niegue, está siempre dispuesto a lanzarse al campo de batalla... aunque sea la primera vez que ve al enemigo.



Ella dice:

Vayamos por partes, en primer lugar ¿quién piensa en tener sexo con un tipo al que apenas vas a conocer? De entrada, el planteamiento es sospechoso y despide un olorcillo a testosterona o, en el mejor de los casos, suena como el título de un artículo de Cosmopolitan hecho para alimentar las fantasías femeninas de las señoras de mediana edad.Y no es por predicar, pero ¿en verdad se puede estar tan desesperada como para acostarse con el primer hombre que nos invite a salir?, incluso la espera provoca un deseo mayor, evitando además la embarazosa situación de despertar en la mañana con un cuasiextraño al lado del que, en el mejor de los casos, se conoce su nombre y el primer apellido. La luz del sol es despiadada.La vida es corta y la carne es débil, me argumentarán los “sensibles”, pero la guerra sólo es ganada por los generales experimentados, quienes arrojan la caballería cuando tienen un conocimiento profundo del oponente y la firme convicción de que serán ellos los que establezcan los términos del cese al fuego. Y eso, créanme, es un placer que vale la pena conquistar.



Gay dice:

Me siento como Carrie la de “Sex and the City” escribiendo su columna semanal. Sin embargo, las diferencias saltan a la vista: no tengo cabello rubio, en mi armario no hay zapatos de Manolo Blahnik, ¡ah!, y lo más importante, ella es una mujer y yo no soy más que un hombre bastante torcido. Entre ella y yo sólo hay una cosa en común: los hombres. Pero, mientras ella los busca en la Quinta Avenida en N.Y, yo paseo por la remodelada calle Victoria con rumbo a la Alameda.
Eso sí, a las dos nos gusta lo “Big”, y perdón que me hable en femenino, pero, en el fondo no soy más que una necesitada “muyers” saltillense.
Pero, ¿qué escribiría mi comadre Carrie sobre el sexo en la primera cita? Como todas las mujeres se complicaría demasiado: diría que “no” porque esa cita puede dar pie a algo más formal, que “no” porque él susodicho pensaría que es una facilota, etc, etc, etc, pero bueno, en una situación como ésta, escondo la decencia de Carrie en una caja de zapatos y adopto la moral despistada de Samantha Jones, la puta de la serie, quien como yo, no tendría ningún reparo en probar, lo antes posible, la columna (y no vertebral) que sostiene toda relación: el sexo.